Posteado en: Relatos

En la Puerta del Sol todo trascurre normalmente. La gente camina programada por una lista de cosas 'que hacer'. pensando en que sus jefes les cortaran los huevos si llegan 30 segundos tarde, preocupados en convertir a sus hijos en lo que ellos quisieron ser y no pudieron ser. Los manteros intentan ganarse algo de dinero y poder ser parte de la sociedad vendiendo sus productos y las señoras puritanas se dedican a criticarles al igual que hacen con el resto de las personas con las que se cruzan.

Esta mañana algo les llama la atención, hay un chico de aspecto desgarbado parado en medio de la acera. No se mueve, no tiene prisa, no espera a nadie; sólo está ahí parado, sin hacer nada tan inmovil que inquieta.

-¿Has visto Doris que chico más raro? ¿Qué hará aquí parado?

-Otro vago más de la sociedad, seguro que se pasa las horas en casa sin dar palo al agua y esta mañana le han echado y no sabe que hacer.

A medida que se acercan yo también me fijo en ellas y sus descarados cuchicheos. No veo más que lo hay, tres mujeres cuarentonas andando por la calle que quieren parecer más jóvenes de lo que son luciendo sus ropas "juveniles" que rozan lo estridente y hortera. No me pregunto porque andan ni porque salieron de sus casas, sólo eso, las miro.

-Chonchi agarra el bolso porque según está la juventud...

-Oye chico ¿te has perdido?

-No.

-Entonces ¿qué haces aquí?

-Nada, igual que vosotras.

-¡Qué descarado! ¡Decirnos esto a nosotras! Chonchi, Doris, vamos, dejemos que desperdicie su tiempo.

La gente se extraña al verme parado, nadie está parado en la Puerta del Sol, pero yo sí. No le encuentro sentido a las actitudes de la gente. Todos van formando autenticas mareas humanas mirando hacia el suelo como si esperasen que a la persona que llevan delante se le cayesen unas moneditas con las que convertirse en algo más ricos y poder llegar a todas sus metas, porque todas ellas se basan en el dinero. Nos hemos simplificado hasta el infinito con un bien tan abstracto como el dinero...

Las mareas me esquivan a duras penas y se apartan de mi mirada como hacen cuando una persona les mira a la cara pidiéndoles algo.

-¿Qué le pasa a este?

-Quita del medio, coño.

Nunca pensé que una persona quieta pudiera inquietar tanto, son dos términos antagónicos, se oponen y sin embargo ahora se solapan. De forma extraña en esta sociedad tan dogmática y racionalista el blanco se convierte en negro y el negro blanco. La gente tiene miedo de lo distinto, de lo que no conoce y comprende. La gente entiendo porque todos van corriendo por la calle sin pararse a mirar las cosas pero, no comprende porqué estoy parado, les extraña y hasta les asusta. Si está tan loco como para quedarse parado puede ser imprevisible.

Cuando me doy cuenta de estos pensamientos, comienzo a andar para no inquietarles un segundo más en sus programadas vidas. A la derecha las tres señoras se afanan por observarme “a escondidas” pero visibles a cualquier ojo. Comienzan de nuevo sus cuchicheos nerviosos y descarados dignos de cualquier quinceañera sin nada que hacer.

Me despido sutilmente de ellas con un sutíl movimiento de cabeza al que ellas responden con gestos de sorpresa y pienso.

-¿Qué les inquieta? Quizás sería más normal si actuase igual que todas las hormiguitas de este hormiguero, buscando hojas que llevar a su casa para vivir en su pseudo-felicidad hasta que algún pie gigante las pise y las suma en la oscuridad total y se den cuenta de que viven una mentira.